Afrutado, floral, con notas de frutos secos… El sabor del chocolate puede variar enormemente de una tableta a otra. Durante mucho tiempo se pensó que todo dependía de la variedad del cacao, del suelo o del clima. Pero la ciencia ha revelado un actor clave, a menudo invisible: los microorganismos de la fermentación. Estos desempeñarían un papel importante, como ya ocurre con las levaduras panaderas y las bacterias lácticas en panadería.
Investigadores han demostrado que la fermentación de los granos de cacao —dirigida por levaduras y bacterias silvestres— influye más en el sabor final del chocolate que el propio ADN del árbol del cacao. En otras palabras: los microbios crean la magia aromática.
La velocidad a la que evolucionan la temperatura y el pH, así como el momento en que cada microorganismo entra en acción, son determinantes. Un ligero cambio… y el sabor cambia.
Los científicos han logrado reproducir algunos chocolates finos utilizando mezclas de microorganismos cuidadosamente seleccionados. Resultado: aromas muy cercanos al original… pero aún ligeramente menos complejos que los producidos por una fermentación natural.
Si bien la ciencia abre la puerta a sabores “a medida”, muchos chocolateros siguen siendo escépticos. Para ellos, la riqueza del chocolate proviene precisamente de la diversidad natural de los microorganismos locales y del saber hacer humano.
Detrás de cada onza de chocolate se esconde un ecosistema vivo. La próxima vez que degustes una tableta con notas florales o afrutadas, recuerda: son miles de millones de microorganismos los que han trabajado para tu placer.